El arquitecto de la Ley de Aire Limpio teme su ruina

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Un arquitecto clave de la Ley de Aire Limpio de 1970, Thomas Jorling, no está de acuerdo con la afirmación de la administración Trump de que la ley no permite la regulación de los gases de efecto invernadero. Jorling sostiene que la legislación fue redactada intencionalmente para ser flexible, anticipando futuros descubrimientos científicos sobre contaminantes. Este debate ahora se encuentra en el centro de los esfuerzos de la administración para debilitar las regulaciones ambientales en todo Estados Unidos.

La intención original

La Ley de Aire Limpio se redactó en una época en la que no se entendía completamente el cambio climático, pero Jorling y sus colegas sabían que la ciencia progresaría. El proyecto de ley fue diseñado para adaptarse a nuevos contaminantes sin requerir una intervención constante del Congreso. Los legisladores, incluidos los republicanos, insistieron en una ley preparada para el futuro: no querían volver a visitar el Congreso cada vez que surgía una nueva amenaza.

La reversión de la EPA

En febrero, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) revocó el “hallazgo de peligro” de 2009, que establecía que los gases de efecto invernadero representan un peligro para la salud humana. Esto efectivamente desmanteló la autoridad federal para regular las emisiones de vehículos y plantas de energía. La decisión ha provocado impugnaciones legales por parte de estados demócratas y grupos ambientalistas, y es probable que el caso llegue a la Corte Suprema.

Un legado bipartidista

La posición de Jorling es marcadamente diferente de la postura republicana moderna. Sin embargo, fue un asesor principal de los senadores republicanos durante la redacción del proyecto de ley en la década de 1970. Esta cooperación bipartidista, que alguna vez fue algo común, ahora es poco común en la política estadounidense. Jorling, de 85 años, hablando desde su casa en Massachusetts, enfatiza que la adaptabilidad de la ley fue deliberada, no accidental.

“No queríamos volver al Congreso cada vez que se descubriera un nuevo contaminante”.

La batalla legal sobre el alcance de la Ley de Aire Limpio no se trata sólo de regulaciones; se trata de si una ley de medio siglo de antigüedad puede abordar eficazmente las amenazas ambientales del siglo XXI. El resultado remodelará el futuro de la política climática de Estados Unidos.