Artemis II: El vuelo de prueba de alto riesgo a la Luna

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La misión Artemis II de la NASA representa un audaz paso adelante en la exploración lunar, pero también se caracteriza por riesgos significativos e inevitables. El próximo vuelo de 10 días, cuyo lanzamiento está previsto para el 6 de febrero, empujará a cuatro astronautas a territorio inexplorado, probando el cohete Space Launch System (SLS) y la cápsula Orion en condiciones extremas. Esta misión no se trata sólo de llegar a la luna; se trata de demostrar que los humanos pueden sobrevivir y operar de manera segura en el espacio profundo, un requisito previo para futuras misiones a Marte y más allá.

La escala del desafío

Las cifras por sí solas resaltan la intensidad de la misión. La tripulación (comandante Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen) se aventurará aproximadamente 4.600 millas náuticas más allá de la Luna, más lejos que cualquier vuelo espacial tripulado anterior. A su regreso, la cápsula de Orión, apodada “Integridad”, volverá a entrar en la atmósfera de la Tierra a una asombrosa velocidad de 40.000 kilómetros por hora (Mach 39), comparable a la velocidad del regreso del Apolo 10 en 1969. Estas velocidades están casi más allá de la comprensión humana, pero son esenciales para un regreso rápido desde distancias lunares.

Rutas de escape y planes de contingencia

La NASA ha diseñado múltiples capas de redundancia en Artemis II. Durante el ascenso, los controladores de vuelo pueden ajustar el rumbo si el cohete SLS funciona inesperadamente. A los pocos minutos del lanzamiento, pueden abortar la trayectoria lunar y hacer girar la cápsula alrededor de la Tierra para solucionar problemas. Si los problemas persisten, un amerizaje en Baja California, México, sigue siendo una opción, perdiendo así la misión lunar pero preservando la seguridad de la tripulación.

Más allá de la órbita terrestre, la trayectoria de Orión aprovecha la gravedad para garantizar un camino de “retorno libre”, lo que significa que naturalmente girará hacia la Tierra incluso si fallan las quemaduras posteriores. Los propulsores más pequeños proporcionan capacidades de corrección adicionales.

Los peligros ocultos: radiación y comunicación

La amenaza más importante fuera del campo magnético protector de la Tierra es la radiación. La tripulación de Artemis II estará expuesta a niveles más altos de radiación cósmica y solar que los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional, donde los cinturones de Van Allen proporcionan cierta protección. El Sol también se está acercando al pico de su ciclo de actividad de 11 años, lo que aumenta el riesgo de eyecciones de masa coronal, explosiones impredecibles de partículas de alta energía. Para mitigar esto, Orion está equipado con sensores de radiación y los astronautas practicarán la construcción de un refugio de emergencia dentro de la cápsula utilizando bolsas de almacenamiento como protección.

Otro desafío crítico son los cortes de comunicación. Durante el paso más cercano alrededor de la Luna, Orión desaparecerá detrás de la cara oculta de la Luna durante aproximadamente 45 minutos, cortando el contacto por radio con la Tierra. Si bien se esperan apagones planificados, las pérdidas inesperadas de comunicación, como las experimentadas durante Artemis I debido al envejecimiento de la infraestructura en la Red de Espacio Profundo de la NASA, siguen siendo una preocupación.

El Escudo Térmico y el Descenso Final

La fase final de la misión –el reingreso– sigue siendo la más arriesgada. Durante Artemisa I, el material carbonizado se desprendió del escudo térmico de Orión bajo temperaturas extremas, lo que generó preocupaciones sobre su integridad. La NASA insiste en que el daño no habría amenazado a la tripulación, pero se han realizado modificaciones en el plan de reingreso de Artemis II. El lugar de aterrizaje se ha trasladado más cerca de San Diego, California, para reducir la exposición al calor. A pesar de estos cambios, el descenso final conlleva riesgos inevitables.

“Desde una perspectiva general, eso es sólo parte de engañar a la gravedad”, reconoce John Honeycutt, líder del equipo de gestión de la misión de la NASA.

En última instancia, Artemis II es una apuesta calculada. La misión está diseñada para poner a prueba los límites de la tecnología de los vuelos espaciales tripulados, con salvaguardias incorporadas pero sin garantías. El éxito o el fracaso de este vuelo determinará no sólo los planes lunares de la NASA sino también el futuro de la humanidad en el espacio profundo.