Una nueva investigación revela que los abejorros no son sólo polinizadores difusos; Poseen una capacidad sorprendente para comprender la duración del tiempo, similar a aprender una forma simplificada de código Morse. En un innovador estudio, científicos de la Universidad Queen Mary de Londres enseñaron a estos pequeños insectos a asociar destellos de luz específicos con recompensas azucaradas, demostrando que pueden procesar información temporal de una manera que antes se pensaba exclusiva de los vertebrados.
Este descubrimiento echa por tierra la noción de que las capacidades cognitivas complejas se limitan a cerebros más grandes. En los últimos años, los científicos se han sorprendido cada vez más por las profundidades ocultas de la cognición de las abejas. Se ha observado a los abejorros practicando una forma rudimentaria de agricultura, resolviendo acertijos en colaboración e incluso demostrando conceptos matemáticos básicos.
Pero reconocer la duración del tiempo añade otra capa a su impresionante intelecto. Esta habilidad es crucial para numerosas tareas de supervivencia, desde localizar fuentes de alimento y atraer parejas hasta evadir depredadores. Para probar esta teoría, los investigadores diseñaron un experimento utilizando una pequeña arena de búsqueda de alimento con una pantalla que mostraba dos luces intermitentes, una más larga y otra más corta, cada una de las cuales representa diferentes duraciones, como corta (0,5 segundos) y larga (2,5 segundos).
Un destello se correlacionaba con una recompensa de néctar dulce, mientras que el otro indicaba una solución amarga de quinina, un regalo decididamente poco atractivo para las abejas. Las señales de duración se asignaron aleatoriamente a las recompensas entre diferentes grupos de abejas, asegurando que ninguna preferencia inherente influyera en su proceso de aprendizaje.
Inicialmente, las abejas recorrieron el laberinto hacia la luz intermitente asociada con el azúcar hasta que lograron una tasa de éxito de 15 de 20 elecciones correctas. El siguiente paso crucial implicó eliminar la recompensa por completo, lo que obligó a las abejas a confiar únicamente en la asociación aprendida entre duración y dulzura. Eligieron consistentemente el patrón de destello vinculado a la recompensa anterior a un ritmo que excedía la probabilidad, lo que demuestra claramente que habían aprendido con éxito los patrones de sincronización.
Si bien es impresionante, el mecanismo exacto detrás de esta percepción temporal sigue siendo difícil de alcanzar.
“Dado que las abejas no suelen encontrar estímulos parpadeantes en su entorno natural, es sorprendente que hayan podido aprender esto”, dice el científico del comportamiento Alex Davidson de la Universidad Queen Mary de Londres. “Sugiere una adaptación del procesamiento del tiempo existente para el movimiento o la comunicación, o una propiedad neuronal fundamental compartida entre especies”.
Se necesita más investigación para desenredar este misterio. No obstante, este descubrimiento subraya la capacidad ilimitada para el pensamiento complejo dentro de criaturas aparentemente simples, recordándonos que nuestra comprensión de la inteligencia animal puede estar subestimando enormemente las capacidades ocultas en cerebros en miniatura.
