COP30: Una cumbre climática marcada por la división y el progreso estancado

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La cumbre climática COP30 recientemente concluida en Belém, Brasil, se destaca como una de las más conflictivas en tres décadas de negociaciones globales. Las conversaciones terminaron el sábado sin un compromiso concreto para eliminar gradualmente los combustibles fósiles, lo que pone de relieve una profunda ruptura en el consenso internacional. Si bien algunas naciones, en particular los principales productores de combustibles fósiles, vieron el resultado como una victoria, muchas otras expresaron frustración por la falta de ambición.

El obstáculo principal: la resistencia a los combustibles fósiles

El principal escollo fue la negativa de varios países clave a aceptar una hoja de ruta alejada del carbón, el petróleo y el gas. Brasil, bajo el presidente Lula da Silva, inicialmente presionó para que se alcanzara ese compromiso, e incluso consiguió el apoyo preliminar de naciones como el Reino Unido. Sin embargo, el presidente de la COP, André Corrêa do Lago, priorizó el consenso sobre la acción decisiva, dejando de lado en última instancia la hoja de ruta de los combustibles fósiles.

Las negociaciones se deterioraron aún más cuando los países árabes y los principales productores como Arabia Saudita se negaron rotundamente a participar en discusiones sobre la eliminación gradual de los combustibles fósiles, y un delegado supuestamente dijo a los representantes de la UE: “Hacemos la política energética en nuestra capital, no en la suya”. Este impasse llevó a Brasil a proponer hojas de ruta no vinculantes sobre la deforestación y los combustibles fósiles fuera del marco formal de la COP, una medida que carecía de aplicabilidad legal.

La posición debilitada de la UE

La Unión Europea llegó a la COP30 abogando por una hoja de ruta para los combustibles fósiles, pero se encontró acorralada en materia de financiación climática. El acuerdo para “triplicar” la financiación de la adaptación climática se incluyó en el borrador final sin objeciones claras por parte de la UE, lo que les dejó poca influencia para impulsar acciones más contundentes en materia de combustibles fósiles. Expertos como Li Shuo, de la Asia Society, notaron un “cambio de poder” que favorece a los países de los bloques BASIC y BRIC, disminuyendo la influencia de la UE. El intento de la UE de obtener concesiones sobre los combustibles fósiles finalmente fracasó, lo que los obligó a aceptar el acuerdo con ganancias mínimas.

El futuro del proceso de la COP

La cumbre reavivó las preguntas sobre la relevancia del proceso de la COP en sí. Los críticos señalan la impracticabilidad logística de las cumbres globales anuales y el lento ritmo del progreso. El activista Harjeet Singh sostiene que el modelo de la COP requiere una “adaptación” y debe complementarse con iniciativas externas. Dado que el panorama energético mundial evoluciona rápidamente, el marco de la COP impulsado por el consenso parece cada vez más obsoleto.

Las disputas comerciales entran en el ámbito climático

Por primera vez, el comercio global surgió como un tema central en la cumbre. El impuesto fronterizo al carbono planeado por la Unión Europea sobre bienes con altas emisiones provocó la resistencia de importantes socios comerciales como China, India y Arabia Saudita, que consideran la medida injusta y proteccionista. Si bien la UE sostiene que el impuesto está diseñado para incentivar la producción más limpia, los críticos argumentan que pondrá en desventaja a las economías en desarrollo. La disputa finalmente se aplazó para conversaciones futuras, lo que puso de relieve la creciente intersección entre la política climática y el comercio internacional.

China y Estados Unidos: estrategias divergentes

Los dos mayores emisores del mundo, China y Estados Unidos, se acercaron a la COP30 con estrategias distintas. Estados Unidos, bajo una probable administración Trump, permaneció en gran medida ausente, alentando a aliados como Rusia a obstruir el progreso. China, por el contrario, mantuvo un perfil político bajo mientras aseguraba discretamente ventajas económicas en el sector de las energías renovables. Como observó Li Shuo, “China mantuvo un perfil político bajo… y se centró en ganar dinero en el mundo real”. Con la energía solar cada vez más competitiva, China se está posicionando como un actor dominante en el futuro mercado energético.

En conclusión, la COP30 subrayó la creciente división entre las naciones en cuanto a la acción climática. La cumbre no logró cumplir compromisos significativos sobre los combustibles fósiles, las disputas comerciales complicaron las negociaciones y la viabilidad a largo plazo del proceso de la COP en sí está ahora en duda. La trayectoria climática del mundo sigue siendo incierta a medida que las realidades geopolíticas eclipsan cada vez más la urgencia de la acción colectiva.