Flagstaff, Arizona, se destaca como un raro ejemplo de área metropolitana que preserva activamente el cielo nocturno. A diferencia de la mayoría de las ciudades donde la luz artificial ahoga las estrellas, Flagstaff ha diseñado intencionalmente su iluminación para minimizar la contaminación y maximizar la visibilidad de la Vía Láctea, incluso desde el centro. Este compromiso le valió recientemente a la ciudad el título de Lugar del Año con Cielo Oscuro de DarkSky International, un reconocimiento a su dedicación de décadas a la preservación de la oscuridad natural.
Una historia arraigada en la astronomía
La búsqueda de la oscuridad por parte de Flagstaff no es nueva. A finales del siglo XIX, el astrónomo Percival Lowell eligió el aire seco y de gran altitud de Flagstaff para construir su observatorio, en busca de vistas más claras de Marte. Esto preparó el escenario para el futuro de la ciudad: en 1958, los astrónomos lograron impulsar la primera ordenanza sobre iluminación, garantizando una interferencia mínima con las observaciones celestes. La oscuridad también atrajo a otras instituciones científicas, incluido un Observatorio Naval de Estados Unidos y un centro de Estudios Geológicos, lo que consolidó aún más la importancia astronómica de Flagstaff.
Cómo Flagstaff mantiene las luces apagadas
El enfoque de la ciudad es deliberado y aplicado. Las luces exteriores utilizan LED de color ámbar, lo que reduce la molesta luz azul y verde. El blindaje es obligatorio en todas las luminarias, ya que dirige la luz hacia abajo en lugar de hacia el cielo. Se imponen límites estrictos a los lúmenes por acre, lo que garantiza que el brillo permanezca controlado. Como resultado, incluso un parque a sólo dos millas del centro registra una calificación de 4 en la escala de Bortle: lo suficientemente oscuro como para ver la Vía Láctea con claridad. (La escala de Bortle oscila entre 1, el cielo más oscuro, y 9, como la ciudad de Nueva York).
Una comunidad que abraza la oscuridad
Los cielos oscuros de Flagstaff no sólo están preservados por ley; están entretejidos en su cultura. La ciudad cuenta con Dark Sky Brewing Company, Galaxy Diner e incluso Dark Sky Drive. Los residentes se enorgullecen de su entorno único, aunque ocasionalmente surgen disputas por el exceso de iluminación, como un desacuerdo reciente sobre un reno inflable gigante. A pesar de los conflictos menores, la comunidad gestiona activamente la oscuridad, lo que demuestra que una luz mínima aún puede iluminar la experiencia humana.
“Realmente tenemos algo que decir a otras ciudades del mundo”, dice Danielle Adams de Flagstaff Dark Skies Coalition. El éxito de la ciudad demuestra que preservar el cielo nocturno no se trata sólo de astronomía; se trata de comunidad, administración y compromiso con un recurso natural en desaparición.
