Selección genética de embriones: una crisis ética que se avecina

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Selección genética de embriones: una crisis ética que se avecina

El rápido avance de la tecnología reproductiva ha cruzado un umbral crítico: los padres ahora pueden “puntuar” los embriones según sus rasgos preferidos, una práctica que plantea preguntas urgentes sobre la equidad, el acceso y la posibilidad de una división genética. Esto no es ciencia ficción, sino una industria floreciente con empresas como Genomic Prediction que ofrecen activamente selección de embriones poligénicos, un proceso que predice rasgos futuros basándose en datos genéticos.

El auge de los bebés de diseño

Durante décadas, los exámenes reproductivos se centraron en prevenir enfermedades como la fibrosis quística. La selección de embriones poligénicos va más allá: evalúa rasgos que van desde la inteligencia hasta el riesgo de enfermedad, intentando predecir un futuro no sólo libre de enfermedades sino también optimizado para el éxito. Aunque la tecnología se basa en “puntuaciones poligénicas” (predicciones estadísticas derivadas de miles de variantes genéticas), su precisión es cuestionable. Muchas puntuaciones se ven confundidas por factores sociales y económicos más que por pura biología, y funcionan mal para poblaciones no europeas.

A pesar de estas limitaciones, la demanda existe. Las encuestas sugieren que los padres quieren esta tecnología y las empresas están ansiosas por ofrecerla, particularmente en Estados Unidos, donde las regulaciones son laxas. El Reino Unido, Alemania y Francia ya han prohibido o restringido severamente la selección de embriones poligénicos, reconociendo su potencial de uso indebido.

El problema de la desigualdad genética

La cuestión central no es sólo la incertidumbre científica; es equidad. Actualmente, esta tecnología sólo es accesible para los ricos, lo que requiere costosos procedimientos de FIV y pruebas genéticas adicionales. A medida que la práctica mejore, esta brecha se ampliará. Aquellos que pueden darse el lujo de “optimizar” a su descendencia obtienen una ventaja adicional, mientras que otros pueden enfrentar una discriminación sutil basada en perfiles genéticos.

Las implicaciones se extienden más allá de las familias individuales. Un futuro en el que los niños genéticamente seleccionados sean vistos como superiores podría reforzar las desigualdades existentes, creando un ciclo que se perpetúa a sí mismo en el que los privilegiados perpetúan su ventaja a través de la biología. Las élites adineradas como Elon Musk y Sam Altman ya están invirtiendo en este espacio.

La necesidad de supervisión

La selección de embriones poligénicos no es intrínsecamente incorrecta. Para los padres que enfrentan riesgos genéticos graves, podría reducir la probabilidad de que sus hijos sufran condiciones debilitantes. Sin embargo, la ausencia de regulación permite la expansión hacia rasgos más dudosos: inteligencia, atletismo e incluso tono de piel.

Se acabó el tiempo del debate. Los formuladores de políticas deben establecer estándares claros de precisión, transparencia y límites éticos. Sin intervención, corremos el riesgo de un futuro en el que la selección genética exacerbe las divisiones sociales, convirtiendo la promesa de libertad reproductiva en una herramienta para reforzar los privilegios. La cuestión no es si la regulación es necesaria, sino cuándo llegará antes de que el mercado cree una realidad demasiado difícil de revertir.