Imaginemos un cerdo del tamaño de un automóvil pequeño, capaz de triturar huesos con sus poderosas mandíbulas; esa era la realidad en América del Norte hace unos 30 millones de años. Estas formidables criaturas, conocidas como Archaeotherium (que significa “bestia antigua”), estaban más estrechamente relacionadas con las ballenas y los hipopótamos que con los cerdos a pesar de su apariencia de cerdo. Ahora, un nuevo estudio arroja luz sobre cómo estos gigantes prehistóricos, que podían pesar más de 2000 libras, comían su entorno.
Contrariamente a las suposiciones anteriores de que todas las especies de Archaeotherium tenían dietas similares, los investigadores encontraron evidencia de distintas estrategias de alimentación basadas en el tamaño. Al analizar los patrones microscópicos de desgaste de los dientes fosilizados utilizando técnicas de microscopía avanzadas, los científicos descubrieron una clara diferencia entre los miembros más grandes y más pequeños de este grupo prehistórico.
El Archaeotherium más grande mostraba un desgaste dental notablemente similar al de carnívoros como leones y hienas, lo que indica su capacidad para triturar huesos. Esto sugiere que probablemente eran poderosos carroñeros o incluso cazadores que podrían haber robado cadáveres de otros depredadores, gracias a su imponente tamaño. Sin embargo, el Archaeotherium más pequeño mostró patrones consistentes con una dieta rica en materiales más blandos como hojas, pastos y tal vez incluso carne.
Esta variación dietética ofrece una imagen más matizada de las funciones de estos animales antiguos en el ecosistema. Las especies más pequeñas probablemente actuaban como herbívoros o exploradores, mientras que las más grandes podrían haberse especializado en la carroña y potencialmente incluso en la caza.
“Es realmente interesante que los más grandes sean capaces de triturar huesos”, dijo Larisa DeSantis, profesora asociada de la Universidad de Vanderbilt y coautora del estudio. “Los pequeños no”.
Si bien Archaeotherium poseía poderosas mandíbulas y dientes capaces de infligir temibles mordeduras, sus cerebros eran comparativamente pequeños, aproximadamente del tamaño que se esperaría de un reptil, según Wooten. Este marcado contraste entre un físico formidable y una inteligencia limitada añade otra capa a nuestra comprensión de estas criaturas inusuales.
Esta apasionante investigación continúa desentrañando los misterios que rodean a Archaeotherium, revelándolos no como animales de pastoreo uniformes, sino como actores complejos de la antigua red alimentaria de América del Norte. Estudios adicionales prometen perfeccionar nuestra comprensión de su comportamiento y nicho ecológico, arrojando aún más luz sobre este intrigante grupo de un pasado lejano.




























