La nueva serie de Apple TV, Pluribus, se centra en una misteriosa señal de radio procedente de un exoplaneta distante: Kepler-22b. Pero esto no es pura ciencia ficción; Kepler-22b es un planeta real descubierto por la NASA en 2009 y su existencia plantea preguntas fundamentales sobre la vida más allá de la Tierra. Si bien el programa imagina un mundo oceánico sensible que se transmite a través del cosmos, la realidad de Kepler-22b es mucho más incierta, y eso es precisamente lo que lo hace fascinante.
¿Cómo se descubrió Kepler-22b?
El Telescopio Espacial Kepler no tomó fotografías de Kepler-22b. En cambio, los astrónomos lo detectaron utilizando el método de tránsito. Esto implica observar el sutil oscurecimiento de una estrella cuando un planeta pasa frente a ella. Estos “parpadeos cósmicos” permitieron a los científicos confirmar la existencia y la órbita del planeta. El descubrimiento, dirigido por William Borucki, fue un momento histórico, ya que demostró que los planetas del tamaño de la Tierra en zonas habitables no son sólo posibilidades teóricas.
¿Es Kepler-22b realmente “parecido a la Tierra”?
Los primeros titulares denominaron a Kepler-22b una “nueva Tierra” o un “gemelo de la Tierra”, pero la comparación es engañosa. El planeta tiene aproximadamente el doble del tamaño de la Tierra, lo que lo clasifica como una “súper Tierra”. Este término simplemente significa que es más grande que nuestro planeta pero más pequeño que Neptuno. Lo más importante es que los científicos aún no saben de qué está hecho Kepler-22b. Podría ser rocoso, estar cubierto de agua o incluso un gigante gaseoso sin superficie sólida. Todas las posibilidades se ajustan a los datos actuales.
La zona habitable: esperanza e incertidumbre
Kepler-22b reside dentro de la zona habitable de su estrella, la región donde las temperaturas podrían permitir la existencia de agua líquida. Sin embargo, no se garantiza la presencia de agua líquida. La atmósfera del planeta, si la tuviera, determinaría la temperatura de su superficie. Una atmósfera densa como la de Venus podría crear un ambiente abrasador, mientras que una delgada como la de Marte lo dejaría helado.
“La fortuna nos sonrió con la detección de este planeta”, dijo William Borucki. “El primer tránsito se capturó apenas tres días después de que declaramos que la nave espacial estaba operativamente lista”.
La imposibilidad de viajar
Pluribus representa un intercambio directo entre la Tierra y Kepler-22b. En realidad, el planeta está a 640 años luz de distancia, una distancia insuperable con la tecnología actual. Incluso a las velocidades más rápidas alcanzadas por naves espaciales como la Voyager 1, un viaje tardaría más de 11 millones de años. La enorme escala del espacio interestelar subraya la inutilidad del contacto inmediato. La premisa del programa reconoce esta imposibilidad, y un personaje afirma sin rodeos: “Probablemente nunca sabremos nada sobre ellos. Están demasiado lejos”.
Kepler-22b sigue siendo un enigma tentador. Su descubrimiento fue un hito, ya que demostró que existen planetas similares a la Tierra más allá de nuestro sistema solar. Pero sigue siendo una pregunta sin respuesta si alberga vida o incluso si se parece a la Tierra de alguna manera significativa. La verdadera naturaleza del planeta, al igual que la señal de radio en Pluribus, sigue siendo un misterio.





















