Alcalinidad del océano: los científicos prueban “antiácidos” para el cambio climático

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Los científicos están experimentando con un enfoque novedoso para combatir tanto el calentamiento global como la acidificación de los océanos: agregar sustancias alcalinas (esencialmente, “antiácidos”) directamente al agua de mar. Ensayos recientes realizados por investigadores de la Institución Oceanográfica Woods Hole implicaron la liberación de más de 16.000 galones de hidróxido de sodio (lejía) en el Golfo de Maine, marcado con un tinte rojo para su seguimiento.

El problema: aumento de la acidez

Los océanos absorben aproximadamente un tercio de las emisiones de carbono causadas por el hombre, mitigando el calentamiento atmosférico. Sin embargo, esta absorción tiene un costo. El dióxido de carbono disuelto reacciona con el agua de mar, formando ácido carbónico, que reduce el pH del océano y reduce su capacidad para absorber más carbono. Esta acidificación representa una grave amenaza para los ecosistemas marinos y para los más de mil millones de personas que dependen de la pesca.

La solución: mejora de la alcalinidad del océano

La mejora de la alcalinidad del océano (OAE) tiene como objetivo contrarrestar la acidificación aumentando el pH del océano. Esto permite que el mar almacene más carbono durante milenios. Si bien la OAE no es una solución independiente (las reducciones drásticas de emisiones siguen siendo críticas ), los expertos coinciden en que los esfuerzos actuales son insuficientes para prevenir escenarios de calentamiento peligrosos.

El experimento: pruebas en el mundo real

En agosto, los investigadores desplegaron barcos y robots submarinos en la cuenca Wilkinson, a 50 millas de Massachusetts. Liberaron soluciones alcalinas, elevando el pH de una zona de océano de seis millas de 7,95 a 8,3 en cinco días. El experimento monitoreó los efectos, y el pH volvió a niveles normales después de la intervención.

Por qué esto es importante

Los océanos cubren el 70% de la superficie de la Tierra y desempeñan un papel vital en la regulación del clima. Dada la magnitud del problema, la intervención oceánica a gran escala es cada vez más probable. Si bien es controvertida, la OAE representa un complemento potencialmente crucial para la reducción de emisiones.

El objetivo final es evitar puntos de inflexión climáticos catastróficos –incluidos fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de especies y escasez generalizada de recursos– que empeoran exponencialmente más allá de un umbral de calentamiento de 2°C. La pregunta ya no es si manipularemos la química del planeta, sino cómo y a qué escala.