El desastre nuclear de Fukushima Daiichi en 2011 creó un ambiente extremo, pero la vida microbiana que se encuentra dentro del reactor sigue siendo sorprendentemente… ordinaria. Un estudio de 2024 reveló que las bacterias que prosperan en el agua altamente radiactiva de la sala toroidal de la planta no han desarrollado ninguna adaptación especial para hacer frente a la radiación. Esto no es sólo una curiosidad; Destaca un problema práctico para el desmantelamiento nuclear, donde la actividad microbiana puede acelerar la corrosión y complicar los esfuerzos de limpieza.
El accidente y sus consecuencias
El 11 de marzo de 2011, un enorme terremoto submarino provocó un tsunami que arrasó la central nuclear de Fukushima Daiichi. Las fusiones de núcleos se produjeron cuando el agua de mar inundó la instalación, lo que provocó una contaminación generalizada. La ciudad de Ōkuma, donde se encuentra la planta, fue evacuada y permanece escasamente repoblada hasta el día de hoy.
La inesperada comunidad microbiana
Los ingenieros notaron que crecían alfombras microbianas en el agua radiactiva que se acumulaba dentro de los edificios del reactor. Dado que la radiación extrema suele impulsar una rápida evolución en los organismos, los científicos esperaban encontrar especies altamente resistentes a la radiación como Deinococcus radiodurans dominando el medio ambiente. En cambio, descubrieron que las comunidades microbianas estaban compuestas en gran parte por bacterias marinas comunes de los géneros Limnobacter y Brevirhabdus, que normalmente se alimentan de azufre y manganeso.
Por qué esto es importante
El hecho de que estos microbios no se hayan adaptado a la radiación sugiere que los niveles no eran lo suficientemente altos como para seleccionar cepas más resistentes. Pero lo más importante es que estas bacterias forman biopelículas: matrices protectoras viscosas que las protegen de la radiación y aceleran la corrosión del metal.
“Si los microbios formadores de biopelículas son los que tienen más probabilidades de sobrevivir en aguas radiactivas, entonces eso presenta una complicación predecible a considerar durante el desmantelamiento de una planta de energía nuclear”, observaron los investigadores.
Implicaciones para el desmantelamiento
El desmantelamiento de plantas nucleares es un proceso que dura décadas. Los microbios pueden exacerbar la corrosión, reducir la integridad estructural y complicar la limpieza al reducir la visibilidad en el agua. Los microbios de Fukushima no necesitaron adaptaciones extremas para sobrevivir; simplemente explotaron un entorno donde las bacterias comunes podían prosperar.
Este descubrimiento subraya que incluso sin cambios evolutivos dramáticos, la vida microbiana puede plantear un desafío práctico importante en la gestión a largo plazo de los desechos nucleares y el desmantelamiento de instalaciones. Ignorar a estas comunidades resilientes podría retrasar la limpieza y aumentar los costos.





















