¿Alguna vez has intentado blanquear las marcas rebeldes de protector solar de tu ropa favorita y te has encontrado con un impactante toque carmesí? Este desconcertante fenómeno intrigó a la profesora Clare Mahon del Departamento de Química de la Universidad de Durham, lo que provocó una investigación científica inesperada.
Mahon se asoció con colegas del proyecto ANTENNA de Durham, un esfuerzo de colaboración entre la universidad, Procter & Gamble (P&G) y el Imperial College London centrado en el desarrollo de soluciones de limpieza de vanguardia. Su misión: desentrañar la química detrás de esta curiosa reacción entre el protector solar y el blanqueador que transforma la inocente ropa blanca en vibrantes lienzos escarlata.
Su investigación, publicada en la revista Chemical Communications, profundizó en la interacción de once protectores solares comerciales populares con lejía. Siete de estos protectores solares probados produjeron esa coloración roja distintiva cuando se expusieron al blanqueador con cloro. Curiosamente, los siete contenían un ingrediente común: dietilaminohidroxibenzoil hexil benzoato (DHHB).
Si bien investigaciones anteriores habían identificado cambios dentro de la molécula DHHB cuando se expone al cloro, no se creía que esta alteración produjera un cambio de color tan fuerte, lo que dejó a los científicos desconcertados. La profesora Mahon y su equipo sospecharon que había más en la historia de lo que parecía.
Para determinar exactamente lo que sucedió a nivel molecular, utilizaron experimentos de resonancia magnética nuclear (RMN) en colaboración con los profesores Andy Beeby y Mark Wilson, junto con el Dr. Alan Kenwright y el Dr. Eric Hughes. Sus hallazgos revelaron una transformación inusual dentro de la molécula de DHHB, un proceso llamado ipsodicloración. Esencialmente, dos átomos de cloro se unieron inesperadamente al mismo lugar en una de las estructuras anulares de la molécula.
Esta disposición inesperada alteró la forma en que la molécula interactuaba con la luz. Las simulaciones computacionales realizadas por el profesor Mark Wilson demostraron que este DHHB modificado absorbía la mayor parte de la luz visible de longitud de onda corta y media, permitiendo que sólo pasaran longitudes de onda rojas más largas, lo que dio como resultado la vibrante mancha escarlata presenciada de primera mano en muchos percances de vestuario de verano.
¿La buena noticia? Este descubrimiento podría conducir potencialmente a mejores formulaciones de protección solar en el futuro. Al modificar la molécula DHHB para resistir esta ipsodicloración, los científicos esperan eliminar por completo esas manchas rojas no deseadas, salvaguardando nuestras toallas de playa y camisetas para que no se conviertan accidentalmente en lienzos de arte abstracto. Se necesitan más investigaciones y pruebas antes de que tales modificaciones lleguen a los estantes de las tiendas, pero el camino hacia prendas de verano libres de manchas parece ciertamente prometedor.
