Durante siglos, los científicos han sabido que los humanos poseen la capacidad de “ver” sin ojos, evocando imágenes vívidas del pasado o planos para el futuro. Esta imagen mental es esencial para todo, desde navegar por una habitación familiar hasta componer una sinfonía. Sin embargo, quedaba una pregunta fundamental: ¿El cerebro realmente reutiliza la misma maquinaria biológica para imaginar un objeto que para verlo?
Un nuevo estudio publicado en Science sugiere que la respuesta es un sí definitivo.
Cerrando la brecha entre ver y pensar
Si bien investigaciones anteriores que utilizaron exploraciones de resonancia magnética funcional (fMRI) habían demostrado que las mismas regiones del cerebro estaban activas tanto durante la percepción como durante la imaginación, estos métodos carecían de la precisión para observar células individuales. Podrían mostrarnos el “barrio” donde se estaba produciendo la actividad, pero no si las “casas” específicas (neuronas) eran las mismas.
Para resolver esto, los investigadores del Centro Médico Cedars-Sinai recurrieron a una oportunidad clínica única. Estudiaron a 16 adultos con epilepsia a quienes ya se les habían implantado electrodos en el cerebro para monitorear la actividad convulsiva. Esto permitió al equipo registrar los patrones de activación de más de 700 neuronas individuales en la corteza temporal ventral, el centro principal del cerebro para procesar objetos visuales.
La mecánica de la reconstrucción mental
El estudio siguió un riguroso proceso de dos pasos para mapear la relación entre la realidad y el pensamiento:
- Percepción: Los participantes vieron cientos de imágenes categorizadas en rostros, texto, plantas, animales y objetos cotidianos. Los investigadores descubrieron que muchas neuronas estaban altamente especializadas y respondían a categorías específicas o incluso a características visuales finas.
- Imaginación: Cuando se pidió a los participantes que evocaran mentalmente esos mismos objetos, los investigadores monitorearon la respuesta neuronal.
Los resultados fueron sorprendentes. Aproximadamente el 40% de las neuronas que se activaron durante la percepción real también se reactivaron durante las imágenes mentales. Para demostrar que esto no era una coincidencia estadística, los investigadores utilizaron el aprendizaje automático para reconstruir las imágenes basándose únicamente en los datos neuronales, recreando con éxito las imágenes que los participantes intentaban recordar.
Por qué es importante este descubrimiento
Este hallazgo proporciona una base física para la teoría de la cognición del “modelo generativo”. Esta teoría sugiere que el cerebro no sólo registra el mundo como una cámara; en cambio, crea un código para objetos que se pueden “reproducir” para simular la realidad.
Este avance tiene implicaciones que van mucho más allá de la neurociencia teórica:
- Salud psiquiátrica: Muchas afecciones de salud mental, incluidas esquizofrenia y trastorno de estrés postraumático, implican distorsiones en la forma en que una persona percibe o imagina la realidad. Comprender la mecánica neuronal exacta de las imágenes podría conducir a terapias más específicas para estos trastornos.
- Evolución cognitiva: Ofrece una hoja de ruta sobre cómo los humanos pasaron del procesamiento sensorial simple al pensamiento complejo y creativo.
- Los límites de la creatividad: Si bien el estudio confirma cómo recordamos objetos conocidos, plantea nuevas preguntas sobre cómo el cerebro maneja imágenes “novedosas”, como soñar con un objeto que nunca ha existido en el mundo real.
“Este era un estudio que el campo estaba esperando”, señaló Nadine Dijkstra, neurocientífica del University College de Londres, destacando que esta investigación finalmente proporciona la prueba empírica de hipótesis científicas sostenidas desde hace mucho tiempo.
Conclusión
Al demostrar que el cerebro reutiliza neuronas específicas para cerrar la brecha entre la vista y el pensamiento, este estudio revela que nuestra imaginación no es un proceso separado, sino una “repetición” sofisticada de nuestras experiencias sensoriales. Este descubrimiento marca un paso importante hacia la comprensión de cómo la mente humana construye su propia realidad.





















