Los paleontólogos han descubierto la evidencia directa más temprana de grandes depredadores terrestres cazando activamente herbívoros, que se remonta a 280 millones de años, en el período Pérmico. El descubrimiento, detallado en la revista Scientific Reports, proporciona una mirada única a las etapas formativas de la dinámica depredador-presa en tierra.
La evidencia fósil
Investigadores de la Universidad de Toronto Mississauga analizaron los restos fosilizados de tres Diadectes juveniles, uno de los primeros grandes vertebrados herbívoros. Los huesos tenían numerosas marcas de dientes distintas, lo que ofrece pruebas irrefutables de un comportamiento alimentario depredador. A diferencia de las marcas de mordeduras bien documentadas de la Era Mesozoica dominada por los dinosaurios, este es uno de los primeros ejemplos claros de tales interacciones de la Era Paleozoica, cuando surgieron por primera vez los grandes depredadores y herbívoros terrestres.
Lo que revelan las marcas
Las marcas de los dientes no fueron aleatorias. Se identificaron cinco tipos de daños:
– Puntuación superficial
– Picaduras más profundas
– Surcos tallados en los ejes óseos.
– Punciones cónicas
– Pequeños pozos
Estas marcas se concentraban alrededor de las articulaciones, lo que sugiere que los depredadores apuntaban a áreas ricas en cartílago para despojar los músculos y el tejido conectivo. Algunos surcos incluso indican un movimiento de “tirar de la cabeza”, donde la carne fue arrancada a la fuerza.
Depredadores clave involucrados
El equipo cree que depredadores como Varanops y Dimetrodon, los primeros sinápsidos, fueron los responsables de los ataques. Estos animales eran superdepredadores en el paisaje del Pérmico. Incluso los carroñeros y pequeños artrópodos se unieron a la depredación inicial, dejando sus propias marcas en los cadáveres. La presencia de perforaciones de artrópodos confirma que los huesos quedaron expuestos el tiempo suficiente para que los carroñeros se alimentaran del tejido restante.
Por qué esto es importante
Este descubrimiento remodela nuestra comprensión de cómo funcionaban los primeros ecosistemas. Durante décadas, los paleontólogos han especulado sobre las relaciones depredador-presa en el Pérmico, pero carecían de pruebas físicas sólidas. El registro fósil siempre ha sido más escaso para este período. Este hallazgo sugiere que las cadenas alimentarias jerárquicas se establecieron mucho antes de lo que se pensaba anteriormente, y que la dinámica básica entre depredadores y presas existía incluso cuando la vida de los vertebrados terrestres estaba evolucionando por primera vez hacia formas superiores más grandes.
La evidencia muestra claramente que las relaciones depredador-presa ya impulsaban la evolución en la Era Paleozoica, mucho antes que los dinosaurios. Esta nueva evidencia hace retroceder la línea temporal de estas interacciones y demuestra que las reglas ecológicas fundamentales se establecieron mucho antes en la historia de la Tierra.





















