Datos recientes revelan que el calentamiento global no sólo continúa sino que se está acelerando a un ritmo que supera las proyecciones anteriores. En los últimos tres años, las temperaturas han aumentado, lo que ha provocado un debate urgente entre los científicos del clima. Si bien existe consenso en que el calentamiento se está acelerando, persiste el desacuerdo sobre cuánto y por qué. Esta discrepancia tiene profundas implicaciones para el futuro, reduciendo potencialmente la ventana para una acción climática efectiva.
El inesperado aumento del calentamiento
Hasta la década de 2010, la Tierra se calentó a un ritmo relativamente constante de aproximadamente 0,18 °C por década. Sin embargo, 2023 batió récords por un margen sustancial: 0,17 °C más que cualquier año anterior. Este aumento se manifestó en fenómenos climáticos extremos en todo el mundo, incluidas inundaciones catastróficas en Libia, ciclones intensos en Mozambique y México y devastadores incendios forestales en Canadá, Chile, Grecia y Hawái.
La cuestión de si esta aceleración es temporal o permanente es fundamental. Algunos investigadores, como James Hansen, de la Universidad de Columbia, sostienen que la tasa ha aumentado a alrededor de 0,32 °C por década desde 2010. Su análisis apunta a un “negocio fáustico” hecho por la humanidad: décadas de contaminación por aerosoles provenientes de combustibles fósiles enmascararon el alcance total de las emisiones de dióxido de carbono. Ahora, a medida que la contaminación por aerosoles disminuye (impulsada por las políticas en China y las regulaciones de envío), este calentamiento oculto se está revelando, lo que eleva las temperaturas.
El papel de la reducción de aerosoles
Durante años, los aerosoles de azufre reflejaron la luz solar hacia el espacio, moderando el calentamiento. A medida que los países reducen estos contaminantes para mejorar la calidad del aire, el efecto invernadero se intensifica. La “guerra contra la contaminación” de China desde 2008, junto con estándares de emisiones más estrictos para los barcos, han llevado a una caída del 40% en las emisiones globales de dióxido de azufre desde mediados de la década de 2000. Este aire más limpio significa que llega más radiación solar a la Tierra.
El efecto ya es visible: 2024 superó por primera vez 1,5°C por encima de los niveles preindustriales, acercándose cada vez más al incumplimiento del objetivo más ambicioso del Acuerdo de París. Las olas de calor en Europa y los ciclones en el sudeste asiático y Jamaica en 2025 subrayaron este patrón de intensificación.
Variabilidad e incertidumbre naturales
Si bien las reducciones de aerosoles son un factor clave, las fluctuaciones naturales complican el panorama. Un fuerte ciclo solar, la erupción de un enorme volcán submarino en Tonga (liberando vapor de agua a la estratosfera) y un poderoso episodio de El Niño en 2023/2024 contribuyeron al calor reciente. Desenredar estas fuerzas naturales de la tendencia acelerada es un desafío.
Los análisis estadísticos, como los de Stefan Rahmstorf y Grant Foster, sugieren ahora que el calentamiento se está produciendo a aproximadamente 0,36 °C por década desde 2014. Sin embargo, otros científicos, incluido Michael Mann, sostienen que estas estimaciones sobreestiman el impacto de los aerosoles y subestiman la variabilidad natural. El debate pone de relieve la incertidumbre inherente a la modelización climática.
Bucles de retroalimentación y el misterio de la nube
Una preocupación creciente es la posibilidad de que se produzcan ciclos de retroalimentación climática inesperados. Un factor particularmente incierto es el comportamiento de las nubes. Investigaciones recientes sugieren que una disminución de las nubes bajas puede estar contribuyendo al calentamiento, posiblemente debido a la reducción de aerosoles que disuelven las formaciones de nubes. Si esta tendencia continúa, podría acelerar aún más el calentamiento, lo que sugiere una mayor sensibilidad climática de lo que predicen los modelos actuales.
El peor de los casos implica un circuito de retroalimentación desbocado que los modelos climáticos no logran captar, lo que conduciría a un calentamiento mucho más allá de las proyecciones actuales.
El resultado final
La trayectoria actual apunta a un calentamiento de 2,7°C para finales de siglo con las políticas existentes. Sin embargo, si la aceleración continúa sin control, podríamos enfrentar temperaturas cercanas a los 3,7°C, lo que haría que algunas regiones fueran inhabitables. La conclusión clave es que el calentamiento global no sólo está ocurriendo sino que se está acelerando, lo que exige esfuerzos de descarbonización más agresivos para evitar consecuencias catastróficas. Retrasar la acción sólo exacerbará el problema, dejando menos tiempo para adaptarse a un clima que cambia rápidamente.
