Durante milenios, el Ártico ha sido visto como una región dura y aislada. Sin embargo, nueva evidencia arqueológica revela que hace 4.500 años intrépidos marinos visitaban islas remotas frente a la costa noroeste de Groenlandia. Esta notable hazaña requirió atravesar más de 50 kilómetros de aguas abiertas, uno de los viajes marítimos más largos realizados por los pueblos indígenas del Ártico.
El descubrimiento en las islas Kitsissut
Los hallazgos, descubiertos por investigadores dirigidos por Matthew Walls de la Universidad de Calgary, se centran en las islas Kitsissut (también conocidas como islas Carey). Estas islas se encuentran dentro de la polinia Pikialasorsuaq, un área única de aguas abiertas rodeada de hielo marino que se formó hace aproximadamente 4.500 años. Los estudios arqueológicos en tres islas centrales (Isbjørne, Mellem y Nordvest) revelaron 297 elementos, incluidos los restos de 15 tiendas de campaña circulares.
Estas tiendas son distintivas estructuras “bilobadas”, divididas en dos secciones con un hogar central, característica de los paleo-inuit, el primer pueblo que se asentó en el norte de Canadá y Groenlandia. La datación por radiocarbono de un hueso de ave marina encontrado dentro de uno de los anillos de la tienda confirma la presencia humana en las islas hace entre 4.400 y 3.938 años, muy poco después de que se formara la polinia.
Un viaje desafiante
La distancia de Groenlandia a Kitsissut es de aproximadamente 52,7 kilómetros. Dadas las corrientes y los vientos predominantes, los paleoinuit probablemente se embarcaron desde un punto más al norte, lo que hizo que el viaje fuera más largo pero más seguro. Al oeste se encuentra la isla Ellesmere, parte del actual Canadá, pero las corrientes en esa zona son traicioneras.
La escala de esta empresa es significativa. En comparación con el cruce del Estrecho de Bering, una migración que ocurrió hace al menos 20.000 años pero con islas disponibles para descansar, Kitsissut requirió un viaje por mar directo y sostenido.
Artesanía y comunidad
El arqueólogo John Darwent señala que el viaje exigía embarcaciones sofisticadas. Los kayaks unipersonales no habrían sido suficientes para transportar a familias enteras, incluidos niños y ancianos. En cambio, los paleoinuit probablemente utilizaron barcos más grandes capaces de transportar nueve o diez personas. Aunque no se han encontrado restos de embarcaciones (las condiciones árticas rara vez preservan tales materiales), la evidencia sugiere que eran embarcaciones con piel sobre armazón similares a las utilizadas por comunidades inuit posteriores.
Impacto ecológico
La llegada de estos primeros pobladores también influyó en el ecosistema de las islas. Al traer nutrientes del mar y dejar desechos en la tierra, los paleoinuit sin darse cuenta fertilizaron el suelo árido, fomentando el crecimiento de la vegetación. Walls sostiene que la vegetación inicial de las islas dependía, en parte, de este ciclo de nutrientes impulsado por el hombre.
La capacidad de alcanzar y mantener una presencia en estas islas remotas demuestra un nivel impresionante de habilidad marítima y adaptabilidad entre los paleoinuit. Este viaje no se trataba sólo de supervivencia; fue un testimonio de su capacidad para prosperar en uno de los entornos más desafiantes del mundo.
