Virus de Epstein-Barr: un desencadenante clave en el desarrollo del lupus

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Una nueva investigación proporciona pruebas convincentes de que el virus de Epstein-Barr (VEB), el culpable común de la fiebre glandular o “enfermedad del beso”, desempeña un papel directo en el desencadenamiento del lupus, un trastorno autoinmune que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Si bien el EBV infecta a un asombroso 95% de los adultos en todo el mundo con síntomas típicamente leves o sin síntomas, alrededor del 90% de las personas diagnosticadas con lupus exhiben anticuerpos elevados contra el virus. Esta observación de larga data ha alimentado la especulación sobre un vínculo potencial entre estas dos condiciones. Los científicos finalmente han comenzado a descubrir el “cómo” detrás de esta conexión.

Cómo el EBV secuestra el sistema inmunológico

William Robinson y su equipo de la Universidad de Stanford desarrollaron una tecnología innovadora llamada EBV-seq para examinar meticulosamente las células B individuales (las fábricas de anticuerpos del sistema inmunológico) en personas con lupus. Sus hallazgos revelaron que las células B de memoria infectadas, responsables de recordar patógenos pasados, eran significativamente más frecuentes en pacientes con lupus en comparación con individuos sanos.

Estas células infectadas no simplemente albergaban el virus; EBV los estaba reprogramando activamente. El virus produce una proteína llamada EBNA2, que se une a genes específicos (ZEB2 y TBX21) dentro de estas células B de memoria, esencialmente aumentando su actividad. Esto conduce a un efecto cascada:

  • Activación de células T: Las células B de memoria infectadas desencadenan la activación de las células T auxiliares, otro tipo de célula inmunitaria.
  • Respuesta inmune no controlada: Estas células T activadas luego reclutan y activan células B no infectadas, creando un ciclo creciente de actividad del sistema inmunológico.

Esta respuesta desbocada finalmente conduce a que el sistema inmunológico ataque los tejidos sanos, un sello distintivo del lupus.

Predisposición genética: Si bien la infección por EBV parece ser un desencadenante crítico, es poco probable que sea la única causa. Robinson sugiere que los factores genéticos probablemente desempeñen un papel en hacer que algunos individuos sean más susceptibles. Las personas con predisposiciones genéticas específicas pueden poseer células B que son más propensas a atacar por error tejidos sanos cuando se exponen al EBV.

Implicaciones para el tratamiento y la prevención:

Estos hallazgos innovadores arrojan luz sobre la eficacia potencial de ciertas terapias con células T con CAR que actualmente se están probando para el lupus. Estas terapias implican la ingeniería genética de las propias células T del paciente para atacar células inmunes específicas, incluidas aquellas potencialmente infectadas con EBV. Los primeros ensayos clínicos han mostrado resultados prometedores, lo que llevó a algunos expertos a sugerir que incluso podrían ofrecer una cura para el lupus al eliminar estas células B problemáticas.

Se necesitan más investigaciones para confirmar la eficacia y seguridad a largo plazo de la terapia con células T con CAR en el tratamiento del lupus. Este descubrimiento también refuerza el argumento a favor del desarrollo de una vacuna contra el VEB, que podría prevenir un número significativo de casos de lupus en el futuro.

Si bien persisten desafíos con respecto a la rentabilidad y a garantizar una accesibilidad generalizada, esta investigación ofrece esperanzas de tratamientos más específicos y eficaces para el lupus y posiblemente otras enfermedades autoinmunes impulsadas por mecanismos similares.