Huellas antiguas revelan cómo cazaban los pterosaurios gigantes en tierra

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Durante décadas, los paleontólogos han debatido si los enormes pterosaurios (los primeros vertebrados que dominaron el vuelo motorizado) pasaban sus días volando sobre océanos antiguos o acechando a sus presas en el suelo como las cigüeñas modernas. Si bien la evidencia anatómica sugería que estas criaturas eran cazadores terrestres, la prueba directa seguía siendo difícil de alcanzar.

Ahora, un descubrimiento notable en Corea del Sur ofrece la primera visión tangible de este comportamiento. Un conjunto de huellas de 106 millones de años proporciona evidencia convincente, aunque circunstancial, de que los pterosaurios gigantes cazaban activamente animales pequeños en tierra.

Una rara instantánea de la depredación prehistórica

Las huellas fosilizadas, encontradas en la Formación Jinju, pertenecen a una nueva especie llamada Jinjuichnus procerus. Estas impresiones las dejó un pterosaurio neoazdarchiano, un grupo conocido por sus largos cuellos y sus envergaduras de alas que podían superar los 10 metros. A diferencia de hallazgos anteriores que mostraban a los pterosaurios caminando lentamente o descansando, estas huellas cuentan una historia dinámica.

La clave de este descubrimiento radica en la proximidad de dos vías distintas:
* El depredador: Las huellas grandes y asimétricas del pterosaurio, que lo muestran moviéndose a un ritmo relativamente rápido para su tamaño (aproximadamente 0,8 metros por segundo).
* La presa: Un conjunto separado de huellas más pequeñas, probablemente de un reptil o anfibio terrestre, como una salamandra o un lagarto.

Fundamentalmente, el recorrido del animal más pequeño muestra un cambio abrupto de dirección y un aumento repentino en la longitud de la zancada. Este patrón es consistente con una respuesta de pánico: un repentino aumento de velocidad provocado por la aproximación de una amenaza.

Por qué esto es importante

Este hallazgo cierra una brecha significativa en nuestra comprensión de los ecosistemas mesozoicos. Los pterosaurios fueron vertebrados dominantes desde el Triásico Tardío hasta el final del Cretácico, ocupando diversos nichos ecológicos. Sin embargo, su papel como depredadores terrestres ha sido en gran medida teórico.

“Estas interpretaciones han sugerido que algunos grupos pueden haber empleado estrategias de caza comparables a las de los acechadores terrestres existentes, como las cigüeñas o las grullas”, dijo el Dr. Jongyun Jung de la Universidad de Texas en Austin y la Universidad Nacional de Chonnam. “Sin embargo, hasta ahora el registro fósil carece de evidencia directa de depredación terrestre por parte de los pterosaurios”.

Las huellas de Jinjuichnus proporcionan la primera evidencia icnológica (rastros fósiles) que respalda la hipótesis de que los neoazhdarchianos eran carnívoros terrestres bien adaptados. Sugieren que estos gigantes no sólo volaban y pescaban, sino que también caminaban por la tierra, persiguiendo activamente pequeños vertebrados.

Los límites de la piedra

Si bien la evidencia es tentadora, los científicos se mantienen cautelosos. Los investigadores señalan que no se puede descartar por completo una asociación coincidente entre los dos animales. Las huellas están muy juntas y la reacción de la presa es sugerente, pero sin un lugar de muerte fosilizado o marcadores de interacción más claros, la prueba definitiva de depredación sigue siendo ambigua.

Esta ambigüedad pone de relieve un desafío más amplio en paleontología: interpretar el comportamiento de la piedra estática. Como señalan los autores en su artículo publicado en Scientific Reports, estos pares de huellas ofrecen información vital sobre las complejidades de la evaluación de asociaciones de comportamiento en el registro fósil. Obligan a los investigadores a considerar múltiples escenarios, desde la caza activa hasta encuentros casuales.

Conclusión

El descubrimiento de Jinjuichnus procerus transforma nuestra imagen de los pterosaurios de simples habitantes del cielo a versátiles depredadores superiores que dominaban tanto el aire como la tierra. Si bien la naturaleza exacta de la interacción entre el reptil gigante y su presa potencial sigue abierta a interpretación, estas huellas proporcionan la evidencia más sólida hasta el momento de que estos antiguos voladores eran cazadores formidables en tierra firme.