No apareció donde se suponía que debía aparecer. Ese fue el problema.
Durante años, el objeto conocido como (875163) 1998 SH2 vivió una vida tranquila clasificado como asteroide cercano a la Tierra. Siguió un camino predecible, una órbita de 4,5 años alrededor del Sol que los astrónomos creían haber mapeado en detalle. Pero el 28 de agosto de 1998 SH2 hizo algo inesperado. Se desvió del rumbo.
El objeto pasó cerca de la Tierra a una distancia segura de 3 millones de kilómetros (1,86 millones de millas), pero durante ese sobrevuelo sucedió algo extraño. El Dr. Davide Farnocchia y el equipo del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA estaban utilizando el radar planetario de la Red del Espacio Profundo para rastrear su movimiento. Se basaron en su órbita bien establecida para predecir su posición con exactitud.
Los datos del radar resultaron incorrectos.
El objeto no estaba donde las matemáticas decían que debería estar. Una fuerza no gravitacional tiraba de él.
Los asteroides no hacen eso. Los asteroides se desplazan por inercia. Los cometas, sin embargo, queman gas.
Esa pequeña discrepancia fue la primera pista de que la identificación del cometa SH2 1998 era posible. El equipo se dio cuenta de que el objeto no estaba simplemente desplazándose. Algo lo estaba empujando desde adentro hacia afuera.
La identidad oculta revelada
La respuesta estaba en las rocas.
La luz del sol estaba calentando el hielo mezclado con el material rocoso de 1998 SH2. Esto hizo que el hielo se convirtiera en gas, creando un leve empuje similar a un chorro. Es el mismo proceso que da origen a las colas de los cometas, pero en el caso de este objeto, la desgasificación fue tan débil que la mayoría de los telescopios nunca lo notaron.
Desde entonces, el objeto ha sido reclasificado con la nueva designación P/1998 SH2. La ‘P’ significa cometa periódica.
“Después de medir la perturbación no gravitacional… sospechamos que el objeto podría ser un cometa activo”. — Dr. Davide Farnocchia, JPL de la NASA
Sin embargo, esto no fue sólo una suposición. El equipo investigó observaciones históricas que se remontan a 1998 para armar el rompecabezas. Formaron una hipótesis: la luz del sol estaba sublimando el hielo, creando una resistencia que alteraba la órbita de una manera que sólo un cometa podría explicar.
Confirmación de los telescopios
Para demostrarlo, necesitaban ojos en el cielo.
El acercamiento de agosto de 2025 proporcionó la ventana perfecta. Los investigadores utilizaron tres instalaciones principales para capturar imágenes del objeto: el Telescopio Canadá-Francia-Hawái y los Telescopios Danés y Muy Grande de ESO.
Los resultados fueron sutiles pero definitivos.
Las imágenes revelaron una cola tenue. No la espectacular y brillante columna asociada con cometas brillantes como Hale-Bopp, sino una débil e inconfundible corriente de material. Era la prueba física que necesitaban.
“Las imágenes que recopilamos… mostraron una cola débil pero clara, lo que confirma que 1998 SH2 es, de hecho, un cometa”, dijo el Dr. Olivier Hainaut de ESO.
Esta distinción importa más de lo que parece. Clasificar 1998 SH2 como cometa cambia la forma en que entendemos su trayectoria. La desgasificación ejerce fuerzas no gravitacionales que cambian las órbitas significativamente con el tiempo. Ignorar esos cambios conduce a predicciones inexactas.
Por qué esto es importante para la defensa planetaria
La mayoría de la gente piensa en la defensa planetaria en términos de grandes rocas que avanzan rápidamente. Pero el verdadero desafío a menudo reside en los pequeños y engañosos.
Si un objeto parece un asteroide pero actúa como un cometa, sus cálculos orbitales están equivocados. Crees que está pasando; en realidad, está tomando un camino diferente debido a la desgasificación. Detectar estas perturbaciones es una herramienta de diagnóstico. Ayuda a los científicos a descubrir qué objetos son cometas en lugar de asteroides y cómo evolucionan sus órbitas.
Esto influye en las evaluaciones de riesgos de impacto. La trayectoria de un cometa puede cambiar de una manera que la de un asteroide no puede. Comprender esa diferencia es clave para proteger el planeta.
Este trabajo muestra la importancia de rastrear continuamente objetos cercanos a la Tierra. No siempre ves el peligro hasta que está cerca, e incluso entonces, puedes malinterpretar lo que estás mirando.
A la ciencia no le importan las etiquetas. Le importa lo que dicen los datos. Farnocchia lo expresó mejor:
“Así es como funciona la ciencia: se forma una h
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