Por qué las almejas vencen a los braquiópodos: la fisiología detrás de la extinción masiva del Pérmico

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Las almejas gobiernan nuestras playas. Los cavas. Los cocinas al vapor. Se los come por galones. ¿Braquiópodos? No tanto. Rara vez los encuentras. Cuando lo hagas, probablemente no las reconozcas como almejas a primera vista, pero evolutivamente hablando, son totalmente diferentes. Sobrevivieron a duras penas a la Gran Mortandad. La casi eliminación del braquiópodo de la historia es una historia de debilidad metabólica que se encuentra con un mundo hostil.

Un nuevo estudio de Stanford arroja luz sobre esta antigua tragedia. No se trata sólo de qué animales estaban y dónde. Se trata de lo que sus cuerpos podrían soportar físicamente.

La ventaja fisiológica en los eventos de extinción

Sabemos qué mató al 96% de la vida oceánica hace 252 millones. Los volcanes de las trampas siberianas desataron calor. Liberaron dióxido de carbono. Quitaron el oxígeno de los mares. Pero ¿por qué algunos grupos desaparecieron mientras otros prosperaron? ¿Por qué los animales que se alimentaban lentamente en el fondo fueron aplastados mientras los ágiles nadadores y excavadores se adaptaban?

La respuesta está en cómo los organismos procesaron el oxígeno cuando su mundo se incendió.

Los investigadores dirigidos por José Andrés Márquez y Erik Anders Sperling miraron más allá del registro fósil. Los fósiles nos dicen lo que vivió. No siempre explican por qué ciertos metabolismos fallaron cuando subió el calor. El equipo estudió a los descendientes vivos de los gigantes paleozoicos (los perdedores) y a los supervivientes modernos.

Metabolismo versus temperatura

Los braquiópodos son eficientes. En aguas frías y estables, su estilo de vida de baja energía funciona. Filtran partículas. Se quedan quietos. Ahorran calorías.

Pero la eficiencia es una trampa cuando la temperatura sube.

“Los braquiópodos y otros organismos de bajo metabolismo tenían rangos muy estrechos para tolerar altas temperaturas”.

Cuando el agua se calienta, las reacciones químicas dentro de un organismo se aceleran. La demanda de oxígeno se dispara. Al mismo tiempo, el agua tibia contiene menos oxígeno que el agua fría. Es una cruel paradoja. Los animales que necesitan más gas encuentran menos.

Los metabolismos lentos como el de los braquiópodos no podían aumentar su consumo de oxígeno lo suficientemente rápido. Se asfixiaron no sólo por la falta de oxígeno en el agua, sino también por una incapacidad interna para procesar lo poco que quedaba.

Cómo manejaron el calor los supervivientes activos

Los supervivientes modernos, como las almejas, los caracoles y las estrellas de mar, son diferentes. Están desordenados. Gastan energía. Se mueven.

Pero este motor de alta energía les confiere un superpoder: la plasticidad. Cuando las temperaturas aumentaron durante el evento de extinción, estos animales podrían aumentar su tasa de respiración. Tenían la maquinaria muscular y respiratoria para absorber más oxígeno y utilizarlo. Tenían el “equipo”, como dice Sperling, para manejar el estrés.

Así es cómo las diferentes tolerancias fisiológicas determinaron las tasas de extinción.

Los investigadores colocaron animales de ambos grupos en cámaras controladas. Observaron su consumo de oxígeno mientras simulaban el calentamiento de las aguas.

  • Los braquiópodos sobrevivieron mejor en condiciones frescas y con bajo oxígeno.
  • Murieron primero cuando se añadió calor.
  • Los bivalvos y moluscos activos soportaron el calor mucho mejor porque sus sistemas podían regular positivamente la ingesta de oxígeno.

El auge de los moluscos y los mares modernos

Este filtro biológico reformó el océano.

Antes de 252 millones de años, los braquiópodos eran dominantes. Alfombraron el fondo del mar. ¿Ahora? Quedan menos de 400 especies. Por el contrario, los bivalvos (almejas, ostras, mejillones) y los gasterópodos (caracoles) explotaron. Actualmente contamos entre 10,00 y 15,000 especies de bivalvos.

¿Por qué los bivalvos dominaron los océanos posteriores a la extinción?

Porque podrían respirar más calientes. Porque sus músculos podrían impulsar un cambio para excavar, gatear y esconderse de la química cambiante. Los océanos en los que nadamos hoy están poblados por personas duras, rápidas y hambrientas. La quietud de los braquiópodos no era rival para el caótico nuevo mundo.

La advertencia en las conchas antiguas

La acidificación de los océanos probablemente empeoró las cosas para los constructores de conchas. Pero el principal mecanismo de muerte fue la hipoxia provocada por el calor. El océano no podía retener oxígeno mientras exigía más.

La comparación con la actualidad es cruda.

Durante la Gran Mortandad, las temperaturas globales aumentaron entre 8 y 12 grados Celsius a lo largo de miles de años. Hoy en día, proyectamos aumentos de 1,5 a 4 grados para 2100. Eso es más rápido. Eso está comprimido.

“La mala noticia es que vamos camino de alcanzar niveles de calentamiento del Pérmico en los peores escenarios”, advierte Sperling.

Los animales con metabolismos rígidos y lentos todavía están entre nosotros hoy. Pensemos en los arrecifes de coral. Se blanquean cuando el agua se calienta un poco. Han perdido su amortiguador. Estamos viendo regresar la fragilidad fisiológica de los antiguos supervivientes.

¿Podemos arreglarlo? La investigación señala que podemos. Podemos cambiar la trayectoria. Pero no podemos cambiar las leyes de la química. El agua tibia contiene menos oxígeno. La biología todavía lo exige. Las criaturas que prosperen serán las que puedan gestionar esa brecha. Las almejas se han adaptado. ¿Lo haremos?