La Catedral de la Ciencia: Dentro de los monumentales institutos de investigación de la Unión Soviética

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La Unión Soviética no se limitó a construir fábricas y bloques de apartamentos; construyó catedrales del conocimiento. Se trataba de enormes institutos científicos, diseñados con una grandeza destinada a sustituir el culto religioso por la devoción al progreso y al poder estatal. El fotógrafo Eric Lusito ha capturado la belleza inquietante de estas estructuras en su nuevo libro, Institutos científicos soviéticos, que revela un mundo donde la arquitectura brutalista se encuentra con la física de alto riesgo.

Un viaje a través del tiempo congelado

El proyecto de Lusito comenzó a finales de 2021, justo antes de la invasión rusa de Ucrania. Sus visitas iniciales a tres sitios en el país tocaron una fibra sensible que recordaba los cómics de su juventud, específicamente los mundos aventureros y tecnológicos de Tintin de Hergé y Blake y Mortimer de Edgar P. Jacobs.

“Estos lugares científicos me parecieron muy interesantes y quería ver más”, dice Lusito. “Me atrajo su misteriosa belleza, su historia y la forma en que habían evolucionado con el tiempo”.

Durante los siguientes cuatro años, Lusito viajó por la ex Unión Soviética y obtuvo un acceso excepcional a instalaciones que habían permanecido cerradas o abandonadas desde el colapso de la URSS. Trabajó en estrecha colaboración con científicos locales para documentar sitios que iban desde cápsulas del tiempo bellamente conservadas hasta ruinas en ruinas.

La batalla por la estética

El impacto visual de estos institutos no fue casual. En su apogeo, miles de científicos se movían por estos pasillos, registrando la asistencia en coloridos paneles como el del Instituto de Radiofísica y Electrónica de Ucrania. Pero detrás de escena, a menudo hubo batallas políticas sobre el diseño.

Un buen ejemplo es la sala de control del Telescopio Radioóptico Orgov en Armenia, diseñada en la década de 1970 por el científico Paris Herouni. El estado elegante y conservado de la habitación contrasta con la típica estética utilitaria soviética. Lusito supo por la sobrina de Herouni que el diseñador tuvo que luchar contra los administradores científicos de Moscú para hacer realidad su visión. Esta lucha pone de relieve un aspecto menos conocido de la ciencia soviética: la tensión entre el pragmatismo burocrático y el deseo de una expresión monumental, casi artística.

De los relámpagos a los rayos cósmicos

La investigación realizada dentro de estos muros varió desde lo intensamente práctico hasta lo puramente fundamental.

  • Física Aplicada: En Kharkiv, Ucrania, el antiguo Instituto Electrotécnico contaba con una sala de alto voltaje donde los científicos generaban rayos de energía parecidos a rayos. Su objetivo era pragmático: entender cómo proteger la red eléctrica unificada del país. La ambición de esta obra está inmortalizada en un mural de la era soviética que representa una mano agarrando un rayo.
  • Investigación fundamental: En Armenia, el experimento MAKET-ANI en la Estación de Investigación de Rayos Cósmicos de Aragats miró hacia el cielo. Aquí, los científicos midieron las partículas de alta energía que caían a través de la atmósfera y se depositaban en los picos nevados del monte Aragats.

Estos sitios representan la doble naturaleza de la ciencia soviética: satisfacer las necesidades inmediatas de infraestructura estatal y al mismo tiempo perseguir las fronteras del conocimiento humano.

El impacto del conflicto y la renovación

El panorama geopolítico ha alterado drásticamente el destino de estos institutos. Muchas instalaciones en Ucrania, como el Instituto de Ionosfera en Kharkiv, que alberga una enorme antena de 100 metros, se vieron obligadas a suspender sus operaciones tras el estallido de la guerra. Para Lusito, fotografiar estos sitios se convirtió en una carrera contra el tiempo, documentando un patrimonio científico hoy amenazado.

Sin embargo, la historia no es enteramente de decadencia. En Kazajstán, Lusito encontró un símbolo de resiliencia en el Observatorio Assy-Turgen. El sitio alberga el telescopio AZT-20, alojado en un pabellón de 45 metros de altura. La construcción comenzó en la década de 1980, pero se detuvo con el colapso soviético. Décadas más tarde, el proyecto se reanudó en la década de 2010 y se completó en 2017. Hoy en día, es el telescopio más grande de Kazajstán y uno de los más importantes de la región postsoviética.

Conclusión

Las fotografías de Eric Lusito ofrecen más que un simple estudio arquitectónico; Proporcionan una historia visual de una era que buscaba elevar la ciencia al estatus de religión. Mientras que algunas de estas “catedrales científicas” yacen en ruinas o en silencio debido a los conflictos, otras continúan funcionando, lo que demuestra que la búsqueda del conocimiento puede sobrevivir a los sistemas políticos que lo generaron.