La supernova alimentada por magnetar rompe moldes

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El telescopio Fermi de la NASA captó algo brillante. Muy brillante.

Una supernova llamada SN 2017egp acaba de recibir la atención que merece, pero no por las razones habituales. Éste estaba sobrealimentado. Realmente sobrealimentado. La evidencia apunta a un fantasma magnético rondando la explosión: un magnetar. Una estrella muerta con un campo magnético tan fuerte que desafía la lógica.

Aquí está la cuestión del colapso del núcleo.

Cuando una estrella masiva muere, su corazón implosiona. La materia queda aplastada en un radio de unas 12 millas. Piense en el tamaño de una ciudad pequeña. Ahora imaginemos 10 millones de toneladas de cosas aplastadas en una sola cucharadita. Esa densidad es real. Pero la gravedad hace más que acumular masa. Gira. La estrella de neutrones resultante gira 700 veces por segundo. Rápido. Y esas líneas giratorias del campo magnético también se comprimen.

¿Resultado? Magnetares. Los imanes más fuertes del cosmos.

Fabio Acero, de la Universidad de Paris-Saclay, estaba esperando.

“Durante casi 20 años”, dice Acero, “buscamos datos de Fermi… ninguno fue definitivo hasta ahora”.

Dos décadas de caza. Se estudiaron cuatrocientos eventos de colapso del núcleo. La mayoría produce agujeros negros. Algunas simplemente se desvanecen. Pero SN 2017epg fue diferente. Ocurrió en la galaxia NGC 3140, a 440 millones de años luz de distancia. La luz viajó toda esa distancia para alcanzar nuestros sensores. En realidad, es uno de los más cercanos que hemos visto de cerca.

Sólo SN 2017enp muestra evidencia de rayos gamma… confirmando sugerencias anteriores.

Guillem Martí-Devesa lo llama una nueva ventana. Porque esto no era sólo luz visible. Fueron rayos gamma. Las cosas energéticas.

¿Por qué tan brillante?

La teoría es simple. Un magnetar gira. Lanza un viento de electrones y positrones. Antimateria. Cuando la materia se encuentra con la antimateria, se aniquilan. Auge. Rayos gamma.

Esta nube de partículas golpea la capa en expansión de la supernova. Los escombros absorben la radiación gamma. Lo convierte. La convierte en luz óptica.

Ese es el motor. El magnetar potencia el brillo.

Acero señala que el ajuste no es perfecto para siempre.

“Unos tres meses después… los rayos gamma pueden empezar a filtrarse”, afirma. “Pero vemos margen de mejora”.

Más tarde la luz visible se desvanece irregularmente. Extrañamente. El equipo cree que podrían estar cayendo restos viejos sobre el magnetar recién nacido. Polvo de cientos de años antes. Chocando contra el cadáver del recién nacido. Desordenado.

Entonces, ¿adónde vamos desde aquí?

El conjunto de telescopios Cherenkov se está despertando. Situados en Canarias y Paranal, estos ojos mirarán con más fuerza. En 50 horas pueden detectar explosiones similares a 500 millones de años luz.

Judy Racusin, del Centro Goddard de la NASA, cree que esto es importante. No es una explosión más. Es un vistazo al interior.

El motor magnetar explica el brillo. El desvanecimiento irregular deja dudas. ¿Qué más se esconde en ese campo de escombros? Veremos qué encuentra la siguiente matriz. O tal vez no lo hagamos.

El universo suele guardar sus secretos cerca.